Molts recorden el fets, però pocs recorden els temps.
Muchos recuerdan los hechos, aislados, desconectados, pero pocos recuerdan los tiempos.
Y el hecho es que Gaudí muere como resultado de las heridas del atropello de un tranvía de la línea 30. En una tarde de junio de 1926, en la Gran Via de les Corts Catalanes. Tenía 73 años. Hay una placa redonda en el suelo con la fecha inscrita.
Dos años antes, en el 24, resultó arrestado por dirigirse a unos agentes en catalán. O eso es lo que consta en los archivos, en realidad formaba parte de una protesta más amplia que exigía acceso al lugar de fe.
Son los años de la dictadura de Primo de Rivera, un claro retroceso para la tentativas nacionalistas en Catalunya y para los derechos más elementales. El directorio toma buena nota de ese tipo de incidentes. De las afinidades, de las simpatías, de las lealtades.
El año anterior se destapó el complot del Garraf, por el que se pretendía atentar contra la vida de Alfonso XIII, aquel que terminara huyendo tras las elecciones municipales de 1931 que resultaron el acto fundacional de la segunda república.
La idea era situar un explosivo en la vías, en un tramo donde la costa es tan escarpada y pasan tan cerca del mar que no es posible bordearlo a pie por el lado litoral. Se acabó destapando y para aquellas fechas se estaba procesando a los detenidos.
Se atribuyó a Bandera Negra, vinculada a Estat Catalá que luego se sumaría a ERC. Pero sucede con estas cosas que, cuando son destapadas, uno no sabe si, entre los propios promotores, los servicios de seguridad han tejido sus hilos. Hasta el punto de estar a veces incluso a cargo de la iniciativa.
Sea como fuere, el hecho es que un anciano indocumentado fue atropellado una tarde de junio de 1926. Los taxistas no quisieron prestar asistencia, dicen que por entonces su aspecto era sumamente descuidado. Dormía en un camastro en la obra de la Sagrada Familia. Entregado por completo a su trabajo y a la fe.
Precisamente el
atropello tuvo lugar de camino a la iglesia de Sant Felip Neri, en el
barrio gótico de Barcelona. Muy cerca de donde abrió su primer
despacho del Carrer del Call número 11. Del call, jueu, se entiende.
Muy cerca de la sinagoga y en lo que fue uno de los ejes de la
Barcino romana.
Sant Felip Neri se erigió sobre los
antiguos espacios del gremio de zapateros y caldereros. Y
precisamente Gaudí paso parte de su infancia en el Mas de la
Calderera. Que ya insinuaba algunas de las ondulaciones que
posteriormente definieron su obra.
En su tiempo el sentir general no estaba muy de acuerdo con su gusto estético, hoy lo vienen a ver desde todo el mundo. Es curioso porque cuando uno lee acerca de la vida de Gaudí encuentra resonancias cargadas de significado. Así, su compañero de pupitre Eduard Toda i Güell, personalidad eminente por propios méritos, prefigura de alguna manera el papel de Eusebi Güell, que resultaría clave en la financiación de su proyectos.
Tal vez no
signifique nada. Tal vez no lo entendamos. Puede que de eso último
vaya, precisamente, la cuestión de la fe.
Por otro lado, en
tiempos donde se estrecha el control de los servicios de seguridad, y
más sobre aquellas figuras públicas que dan respaldo a causas
peligrosas, no es difícil pensar que Gaudí resultara objeto de
atención.
Nadie lamentó entonces nada más que el infortunio del accidente. La cabeza del cortejo fúnebre entraba en la iglesia cuando la cola apenas había iniciado la marcha. Es algo que el catalanismo sabe hacer bien. Se diría que va con la maldición de la Marca Hispánica, ser tierra de frontera, si la geografía es el destino, configura un determinado carácter.
10 años después el país estallaba en guerra civil. Después de que a un viejo lo atropellara un tranvía. Unas veces puede ser un aviso, otras algo más. A veces el simple resultado del clima de tensión. De lo que no cabe mucha duda es que la forma de cruzar que produjo el accidente y en el punto que lo produjo, denota cierta urgencia. Y un carruaje adelantando a un tranvía.
A nadie se le escapa que en tiempos donde la contestación sólo puede ser clandestina las redes eclesiásticas, que ya de por sí tienen un papel, cobran si cabe mayor relevancia.
Tal vez así se pueda explicar la urgencia de la fe o tal vez baste con la ilusión de un hombre absorto en su trabajo. Irónicamente se despidió de un colaborador rogándole que acudiera temprano al día siguiente, que harían “cosas bonitas”.
Una de las cosas que sorprende de Gaudí es su prolongada formación, casi un década en el ambiente universitario de la época. Sin ser un alumno especialmente brillante, lo que apunta a que las tertulias y los cafés debieron tener un papel tan importante como las aulas. Las relaciones, los contactos.
Quienes lo licenciaron ya mostraban sus dudas, no sabían si habían otorgado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo diría. Y se diría que el tiempo ha hablado alto y claro. Su obra se encuentra entre las más reconocidas y reconocibles del mundo.
Alfonso XIII finalmente no murió como resultado de ningún complot catalanista, terminó saliendo del país por su propio pie. Cuando Marx escribió que la historia se repite, primero como tragedia y después como farsa, parece que adelantara ese periodo de XIX-XX español. Un rey se va, una república se funda, unos militares la derrocan para restaurar el orden. La diferencia entre la primera y segunda república es que la Sanjurjada ya no funciona la segunda vez.
Se diría que operan
exactamente los mismos mecanismos bajo la misma lógica y lo único
que varía es la correlación de fuerzas. Y que algo de cíclico hay
en ello. La tensiones entre Madrid y Barcelona, o entre Madrid y su
corona, son antiguas y tienen raíces profundas. Para comprender eso
es necesario tener presente la pugna entre aristocracia y burguesía
que se ha desarrollado en Europa en los últimos siglos, la misma que
la existente entre burguesía e iglesia. La proclamada por Jacques de
Molay en la hoguera.
Nuestras vidas pasan envueltas por
guerras que a veces ni siquiera conocemos y otras en las que tal vez
tomamos parte. Se han cumplido hace poco 100 años de la muerte de
Gaudí y se ha terminado su última obra. Se inauguró durante la
visita del Papa. Aunque estos asuntos ya no son del interés de mucha
gente, se diría que la iglesia no ha cesado en su declive desde que
salieran de la clandestinidad. Quizás por eso otros prefieran
permanecer en ella.
En cuanto a las mencionadas tensiones, están muy lejos de ser mera cuestión del pasado. Antes son heridas que no terminan de cicatrizar. Como brasas que reviven, la tel vez se azuzan, en determinados momentos. Franco, que tuvo una posición de privilegio sobre la información en este país, hablaba de conspiración judeo-masónica,
Cuando estudiamos
hoy estas etapas, las definimos bajo el eje liberal-absolutista. Sin
mayor contexto no es fácil apreciar que la pugna en realidad es
entre el poder local y el foráneo. Que las promesas liberales se
deshacen pronto cuando es la burguesía la que ostenta el poder, como
hemos podido comprobar.
Esa burguesía promovió la
igualdad ante la ley en su proclamación de los derechos del hombre.
Pero cuando vino Marx señalando que sin medios materiales, tal
declaración resulta en un brindis al sol, dieron caza a los
comunistas como los primero cristianos fueron cazados.
Alguna de esas
simpatías se le reconocen a Gaudí en su juventud, de hecho sus
primeros trabajos fueron para una cooperativa. Una anécdota curiosa
es que cuando fue detenido en 1924, solicitó a un eclesiástico de
confianza, el importe de su fianza más el de un vendedor ambulante
con el que presumiblemente compartiría calabozo.
Al final
la sensación es que pasamos por la vida sin apenas comprender y en
un mal paso todo termina. Cuando paso por delante de la pedrera, con
sus curvas pétreas, no deja de evocarme esa viejas construcciones
megalíticas donde los bloques configuran ciertas sinuosidades. En
sus propias palabras, la línea recta pertenece al hombre y la curva
a dios. Supongo que hicieron bien poniendo la placa conmemorativa
redonda. Puede que alguien por ahí arriba sepa lo que se hace.

