En el caso de los hombres suele ser liso, de oro, y se lleva en el dedo anular, tal vez porque sea en el que menos molesta o por ese extraño rito que impide separar los dedos con el resto cruzados, a diferencia de los otros.
Es, a la postre, una honesta declaración de intenciones repecto a la sociedad de que uno se halla comprometido con otra persona y expresa la voluntad de hacer público y mantener ese compromiso.
Cierto tipo de transparencia llevada al terreno sentimental, aunque a buen seguro los habrá que prefieran vivir siempre en carnavales.
El tradicional anillo iría justo en la dirección opuesta a estos últimos, en teoría es una señal de advertencia ante cualquier posible flirteo. Eso en el caso de los hombres. Y en el caso de las mujeres, bueno, ellas suelen llevar muchos anillos.