1. Noticias frescas
-Lo quiero en letras
enormes. Más grande.
-Entonces se va a
dos líneas.
-Pues en dos líneas.
Que se vea “caníbal” desde tres metros.
-Vaya racha
llevamos, la semana pasada el tipo del sótano de la tienda, ahora
esto… ¿Qué le está pasando a esta ciudad?
-No creo que sea una
ciudad en especial. El mundo ya hace mucho tiempo que se fue a la
mierda, ya sólo queda esperar el impacto.
-Oh, señor, llévame
pronto. ¿Qué tal así?
-Perfecto, envíalo.
La cámara hace zoom
en el diseño de la portada de un periódico sensacionalista:
“Supermercado caníbal en LA”, van sonando gaviotas de fondo. La
mano de una mujer lo coge, ya como periódico, dejando ver otro
ejemplar igual debajo, de una pila en un kiosko, lo paga y se lo
coloca bajo el brazo mientras se dirige a su coche, suenan la
noticias en la radio:
“...según se ha
podido saber la policía estaría investigando una posible red
criminal dedicada al tráfico de personas, tráfico de órganos y
de... carne humana para su consumo… alimentario. ¿Qué opinas de
eso, BJ, te animas con unas costillas para desayunar? -No, creo que
no, Bob, creo que seguiré con huevos y bacon. De hecho es lo más
sórdido que he escuchado, por los menos desde hace tres días, con
el tipo en cuero negro viviendo en un baúl, no me lo puedo quitar de
la cabeza, he tenido pesadillas con eso Bob. -Bueno, BJ creo que ya
tienes con qué acompañarlas. Por nuestra parte de momento les
dejamos con la previsión meteorológica…”
El coche da un par
de giros y en seguida se detiene. Wendy baja con el periódico y las
llaves de la oficina en la mano, al abrir la puerta sonríe ante lo
surrealista de la escena. Una enorme gaviota está de pie, de perfil
sobre la mesa de Big Joe. Hay corriente, la ventana está abierta.
-¿Buenos días?
¿Joe?
Avanza un par de
pasos, la mesa aparece algo revuelta, da otros más y ve que otro par
de gaviotas revolotean por el suelo de la oficina… sobre el cadáver
de Big Joe, picoteado en las mejillas por los animales y con un
profundo corte negro que le rodea todo el cuello, hay más sangre en
su mano izquierda. El grito alborota a los animales, uno huye por la
ventana mientras los otros dos buscan resguardo en rincones de la
estancia. Retrocede algunos pasos y se detiene un momento, mira el
resto de la oficina, por lo demás desierta. La cara de Wendy es más
de confusión que de miedo. Se acerca de nuevo a la mesa y marca el
número de la policía. Mientras hace girar la rueda del teléfono
empieza a sonar K-39 de The challengers, entran los títulos de
crédito.
2. La partida de Lou
-Lo veo. Veo tus
diez y subo… cinco más. ¿Qué te parece?
-Hijo, me parece que
si mientes siempre así de mal… debes estar soltero. Ahí van tus cinco,
¿qué tienes?
La mirada del viejo
Tim te atraviesa el alma sin siquiera proponérselo.
-Pareja de sietes.
¿Me vais a dejar ganar alguna mano?
El viejo muestra la
pareja de reinas que tiene en la mano y que junto a la de la mesa
hace el trío:
-Seguramente sí,
pero no ésta: tres reinas.
-Oh, vamos.
-Así es la vida
Larry, andar antes de correr.
Lou intenta que el
ambiente sea agradable, los tipos que se dejan el dinero en el tapete
siempre son bienvenidos.
-¿Sabes quién
corría de verdad? El tipo que intentó atracar la licorería de la
esquina hace unos días, la de los chinos. Salió la hija con una
escopeta tras ellos, nunca había visto correr tanto a nadie, tal vez
batiera algún récord olímpico o algo.
Winston reparte
mientras ánima un poco la conversación.
-En mis tiempos…
no hubiera llegado ni a la mitad de la calle. Eso si con suerte
hubiera salido del local. Había un tipo en Santa Fe que no abría la
caja sin tener una mano en el rifle bajo el mostrador. Ahora estaría
enterrado en el patio trasero…
-¿Era una
licorería?
-Licorería,
comestibles… ¿Qué mas da?
-Bueno, si hubieran
servido comidas… el invitado siempre hubiera podido acompañar la
salsa, ¿no Lou?- Arch le añade más sorna al tema.
-Ah, sí, como en
aquella película… ¿como se llamaba? ¿Tomates…?
-Tomates verdes
fritos- confirma Winston.
-Sí, el secreto
está en la salsa- Tim recuerda la película.
-Ya veo que conocéis
todos mis trucos, me temo que ya sólo puedo sorprenderos con las
cartas. ¿Quién habla?
Lou regenta un
pequeño restaurante italiano en Santa Ana y el primer y tercer
jueves de cada mes, después de cenar, unos cuantos se reúnen en la
sala de atrás, las apuestas son altas y se accede por invitación,
hay pocas sillas y suelen ir viejos conocidos. Siempre está llena,
se come bien y hay buen ambiente. A veces hasta aparece algún actor
famoso.
3. Altos y bajos
Cuando el maletero
se abre, con la cámara enfocando desde dentro, la cara de Lou tiene
un corte en la ceja y es mucho menos amable:
-Vamos, levanta,
¡Levanta!
Lou apunta al
interior del maletero con una vieja 45:
-Vamos, no voy a
poner todo perdido de sangre, sal.
Bill lleva un par de
horas encajonado en el maletero, tiene todas las articulaciones
entumecidas además de algunos golpes serios y el labio cortado. No
hay manera elegante de salir de un maletero, y menos en esas
condiciones. Tropieza y cae al salir, un pie se le queda enganchado,
hace ademán de levantarse… :
-No, mejor quédate
ahí.
Lou sigue
apuntándole y si no ha disparado aún es porque quiere algo más de
información:
-¿Fue Big Joe?
Vamos, ¿quién te contrató? ¿Fue Big Joe?
-Big Joe… Big Joe
está muerto, amigo.
-Vaya, ¿lo has
oído? Bien, bien, pues eso que nos ahorramos.
El italiano enorme
que acompaña a Lou le sigue también en las risas.
***
-¿Bill, Bill Evans?
Soy Wendy, de la oficina de Joe, del puerto. No, la verdad es que no.
Wendy ha colgado
antes de terminar el número de la policía y ha prefiero llamar
antes a algunos viejos conocidos, no ha localizado a Raoul.
-Acabo de llegar a
la oficina y he encontrado a Joe… muerto. Sí, sí seguro. No, iba
a hacerlo pero no sé si… Sí, bueno, me ha parecido lo correcto.
Justo ayer por la
tarde...vinieron a verle un par de hombres, con acento británico.
Bueno, al menos el que habló, sólo les vi un momento. Negocios, me
hizo marcharme en cuanto llegaron. No sé, no les había visto antes,
no parecían de por aquí. No quiero meterme en líos. Sí, de
acuerdo, gracias, me quedo más tranquila, llamo ahora mismo.
4. Malas decisiones
La cara de Miguel,
en primer plano, está empapada en sudor y completamente pálida
mientras escucha:
-...sólo para que
quede clara la situación, si aún no estás muerto es porque quiero
recuperar lo que me debes, ¿lo entiendes? Hasta que saldes tu deuda
harás lo que yo te diga, ahora trabajas para mí, tu culo me
pertenece. Hasta que pagues o mueras, y la verdad es que empieza a
darme igual:
Primero pierdes la mercancía, luego te endeudas con esos negratas que te van a romper el
culo y para rematarlo lo pierdes apostando. Joder Miguel, lo único
que no está claro aquí es de quién va a ser la bala que te va a
desparramar lo sesos. ¿Y sabes qué? ¡Hará del mundo un lugar
mejor, gilipollas!
Big Joe se muerde
los puños para no dar rienda suelta a lo que le pide el cuerpo y
buscando la manera de no ser la parte perjudicada en todo el
desastre, aún así le cuesta contenerse, hace el gesto de levantar
la mano de nuevo:
-No le des más, el
chico ya lo ha entendido.
Raoul trata de
quitarle hierro, bajo su punto de vista sería más sensato asumir
pérdidas.
La cara de Miguel es
una sábana:
-Puedo arreglarlo,
lo arreglaré.
-Oh sí, por su
puesto que lo vas a arreglar. Ya te arreglarás tú con los de
Compton, pero lo mío va primero. Y te voy a decir exactamente lo que
vas a hacer.
Hay un restaurante
en Santa Ana. El jueves se juega una partida en la trastienda.
-¿Los italianos?
-Vaya, parece que sí
te enteras de algo.
-Joder, no, soy
hombre muerto.
-Miguel: tú ya
estás muerto. Si dios todopoderoso bajara ante mis putos ojos e
hiciera un milagro para salvarte la vida… aún te matarían dos o
tres veces más.
Raoul interviene
centrando un poco el juicio de Big Joe:
-Si sale bien tal
vez puedas desaparecer… con algo de dinero en el bolsillo.
-No sin antes
devolverme hasta el último puto centavo.
Anota un teléfono y
una dirección de forma apresurada en una pequeña libreta sobre la
mesa de su despacho, arranca la hoja y se la tiende a Miguel:
-Di que llamas de mi
parte, estará avisado. Busca a tu primo o tu hermano o tu novio, ese
que te acompaña en todas tus putas ruinas. Cuando hayáis terminado,
limpio, te sacarán de allí. Sin muertos, sin disparos, entras,
coges el dinero y te vas, ¿estamos?
Y cruza los dedos
por que cubra tu deuda o vas a limpiar todas las licorerías de aquí
a Santa Ana hasta que arregles tu puta cagada. El jueves. Ahí tienes
la dirección.
Miguel hace el gesto
de levantarse con la “receta” que le ha entregado Big Joe para
solucionar sus problemas: -Y una cosa más, Miguel: ni se te ocurra
jugármela o te encontraré y aplastaré como a una cucaracha. Y
ahora largo de aquí.
En cuanto Miguel
sale por la puerta Raoul se muestra mucho menos relajado:
-Joder, Joe, ¿la
partida de Lou? ¿Es que te has vuelto loco? Creo que es la peor idea
que has tenido nunca. Yo no he estado aquí. Joder, ojalá no hubiera
estado aquí. De quién es el número, ¿de Bill?
-Te preocupas
demasiado, seguramente le metan tres balas en el pecho a cada uno
nada más cruzar la puerta. Y muerto no podrá hablar mucho, no
podrán relacionarnos. Además, es cosa de Miguel, no nuestra.
-Relacionarte, Joe,
relacionarte. Yo no he estado aquí.
Raoul sale de la
oficina en busca de un poco de aire y deja a Big Joe sumido en sus
cavilaciones.
5. Un largo vuelo
Dos hombres bien
trajeados avanzan por la pista de aterrizaje hacia un jet privado al
anochecer. Cada uno lleva una bolsa de deporte mediana y el más
joven lleva también una maleta.
Ya en el interior la
azafata sirve un vaso de whisky al mayor: -Gracias.
El mayor se dirige a
su acompañante: -Intenta descansar, va a ser un largo vuelo.
-No estoy cansado.
-No, ¿eh? Pues ya
es más de lo que puedo decir yo. Cansado, en realidad de todo.
Saborea un poco el
whisky, mira por la ventanilla:
-De ver como los
hombres persiguen sus intereses personales olvidando sus compromisos. Nunca acaba bien.
-Como Marsellus.
-Encontró su
destino por otras razones, quizás. Pero no es el tipo de pecados que
puedan encontrar perdón en la casa de la luz. En realidad el precio de la
traición es el mismo en todas partes.
En la ciudad,
iluminada, era ya de noche, pero desde el aire aún se veían algunos
resquicios del atardecer que recortaban nubes para las que ya había
oscurecido. Llevaban algunos minutos de vuelo viajando contra la
persistente puesta de sol, una pequeña bandada de aves apareció
distante a través de la ventanilla.
Apuró su whisky y
miró el movimiento de lo pájaros, pensativo, revelados por los
últimos estertores de la luz día.
-Algo no va bien.
Algo extraño vio en
el movimiento de la bandada, cada vez más próxima al fuselaje del
avión.
-¿Cómo, qué es lo
que…?
El hombre joven se
levantó de su asiento para identificar el problema, que en realidad
era más bien una corazonada.
En seguida, el
sonido de los animales impactando contra el fuselaje, mucho más
fuerte de lo que cabría esperar. Y acto seguido el característico
ruido de un reactor funcionando de forma intermitente hasta explotar
en llamas. Poco después el otro.
La azafata, sin
poder disimular la expresión de terror en los ojos, asoma la cabeza
hacia la zona VIP y solicita que se abrochen los cinturones para
justo después tomar asiento y cumplir con sus propias indicaciones.
El joven, aún
incorporado hace el gesto de retirarse hacia su asiento para cumplir
la orden cuando el mayor le sostiene con firmeza por la muñeca:
-Protégelo con tu vida. Si se complica, en la basílica de St Louis
estará seguro.
No suelta el brazo
hasta que el joven asiente con los ojos clavados en los suyos. En
seguida se abrochan los cinturones y ven la mitad de una de las alas
desprenderse violentamente con un crujido seco contra el sentido de
la marcha a la vez que crece una bola de fuego: ¡En St Louis, habla
con el padre Nathan!
El hombre joven aún
tiene tiempo de coger la bufanda oscura del mayor, pasar una soga
bajo el mango del maletín y los dos extremos por el interior de
ésta, enrollando el sobrante en la mano y el brazo apretando con
fuerza, mientras pierden altura, preparándose para el impacto.
El vaso, ya vacío
de whisky, rueda y cae contra el suelo partiéndose en pedazos
mientras crece el zumbido del aeroplano en su descenso y empieza a
sonar The house of the rising sun intepretada por The ventures.
6. El conductor
A Lou le ha durado
poco el buen humor por la muerte de Big Joe, Bill está de rodillas,
al lado del agujero en el desierto que será su tumba:
-¿Te lo ordenó Big
Joe? ¡Responde!
La culata del 45 de
Lou se estrella contra la frente de Bill.
-Yo… sólo soy el
conductor.
Lou amartilla el
arma y un zumbido que parece venir de todas partes empieza a crecer.
-¿Qué es eso?
-¿De dónde…?
Se giran y ven un
jet en llamas que pierde altura y toma tierra tras la pequeña colina
con estruendo.
-¡Hostia puta!
-Lou, esto se va a
llenar de polis en minutos. ¿Qué hacemos?
-No sé, ¡déjame
pensar!
Lou da pasos en una
y otra dirección con el arma amartillada. Empieza a sonar Hit theroad Jack de Ray Charles.
Bill aprovecha la
confusión para dar un par de zancadas y dejarse caer rodando por un
pequeño terraplén, en cuanto se quieren dar cuenta ya está a 10,
20, metros.
-¡Joder!
-¡Hijo de puta, se
escapa…!
-¡Mierda, lo estoy
viendo!
Lou dispara un par
de veces, con más rabia que puntería, sin tener del todo claro si
le interesa acertar.
-El muy cabrón…
-Déjalo, ya le
cogeremos. Vámonos.
7. Santa Ana
-¡Qué hijos de
puta! Se presentan en la partida de Lou con una UZI y limpian la
mesa, la caja, los bolsillos, todo. Para una puta vez que iba
ganando. La verdad es que prefiero no hablar de ello.
-Bueno, lo
importante es como termina.
-Ya, pues díselo a
esos payasos. No les doy ni dos semanas. Voy a mear, ponme otra Mike.
Al poco entra Raoul
por la puerta devolviendo a la escena de la entrega anterior:
-Qué hay, Mike. Lo
de siempre.
Suena de fondo It’s all over now baby blue de Marianne Faithfull, en el escenario anta
una rubia con un vestido azul.
***
Rubén y Miguel
están en el asiento de atrás preparando los últimos detalles del
plan maestro de Big Joe. Bill, al volante, ve como el polvo blanco se
desparrama por la tapicería. El trabajo, si ya pintaba mal, tiene
cada vez peor aspecto.
-Síii, ahora sí.
¿Vamos?
-¿No os vais… a
tapar la cara con algo?
-¿Qué? ¿Para qué?
-Bueno, no sé,
¿para que no os puedan reconocer?
-¡Bah! Será tan
rápido que ni nos verán, ¡entrar y salir!
-Eso, ¡entrar y
salir!
Bill los ve tan
entusiasmados que es incapaz de poner un pero:
-Ok, cuanto más
rápido mejor. Acabemos con esto.
Empieza a sonar Soul sacrifice de Santana.
-¡Vamos, vamos!
-Venga, ¡vamos!
Miguel lleva una UZI
y Rubén un pequeño revolver del 32. Cuando ya han doblado la
esquina Bill baja del coche sacudiendo la cabeza a cerrar una puerta
que han dejado medio abierta. Parece imposible que pueda salir bien.
Ya es tarde y sólo
quedan ocupadas un par de mesas, después de algunas pequeñas
complicaciones con la puerta entran en tromba al local:
-¡Quietos, todos
quietos!
-¡Las manos arriba!
¡Arriba! ¡Y contra la pared!
-¡Voy para adentro,
Rubén, tú con ellos!
Un italiano enorme
está detrás de la barra con las manos levantadas esperando un
descuido para meter la mano bajo el mostrador. Miguel se lanza por un
corto pasillo poco iluminado que da acceso a los servicios y tras una
puerta cerrada a la trastienda. Lou ha escuchado movimientos extraños
en el local y se levanta para comprobar que todo marche bien.
Miguel abre de golpe
la puerta que le golpea en la cabeza y lo hace retroceder:
-¡Atrás! ¡Todos
quietos!¡Quietos! Las manos, quiero ver vuestras manos… eso es…
-Lou, ¿qué cojones
es esto?
Tim se está
poniendo de muy mal humor. Arch se lo toma con más flema:
-Pues… parece una
atraco.
Lou se excusa
elevando las manos:
-No tengo ni la
menor idea de qué va esta historia.
Winston intenta
aclarar la situación:
-Eh, muchacho,
¿sabes de quién es esto?
-A callar, cerrad
las putas bocas y poner toda la pasta en la mesa, toda junta. ¡Las
carteras también!
-Oh, joder.
Larry protesta pero
va cumpliendo sin mucha prisa con la petición. Winston sacude la
cabeza mientras acata la orden y sonríe: -Oh, amigo, estás de
mierda hasta el cuello…
Lou pone las cosas
en su sitio además de la cartea encima de la mesa:
-Cógelo, pero no
vivirás para gastarlo.
-¡Eh! Despacio con
las manos, eso es, eso es…
Miguel apunta
alternativamente a cada uno de ellos agarrando la UZI con las dos
manos y aún así no deja de temblar.
-Joder, miradlo,
pero si está cagado.
Tim no está muy
a gusto con la idea de dejar que un gilipollas se lleve su dinero.
Lou levanta el dedo
de una de las manos que tiene en alto admitiendo:
-Nunca apuestes
contra un temblor.
-¡Cállate, joder!
Y ahora…
La carteras y una
pequeña montaña de billetes están en el centro de la mesa.
Arch ve en seguida
el problema de Miguel:
-¿No has traído una
bolsa?
-Aquí hay una.
Todas las miradas se
clavan en Larry que responde con un: -¿Qué?
-Eso, ponlo, ponlo
ahí, muy bien…
-Eso Larry, y ponle
también un lacito.
Es posible que Lou
quiera perder a Larry de vista por un tiempo.
-Bien, ok…
caballeros, un placer, ¡buenas noches!
-¿Buenas noches?
Será hijo de puta…
Lou piensa en quien
puede ser tan imbécil para hacer lo que Miguel acaba de hacer.
-¡Ves pensando un
epitafio, hijoputa!
Miguel escucha las
palabras de Winston ya en el pasillo.
Arch asume rápido
la situación:
-Lou, espero que no
quieras cobrarnos la cena…
Todos se descojonan.
-Bueno, ¿dónde
estábamos… antes de la interrupción?
Tim prefiere actuar
como si no hubiera pasado absolutamente nada.
A Lou le parece
buena idea:
-Creo que tengo unas
fichas por alguna parte...
-No sé, creo que
hablaba Arch… pero joder, ¿os podéis creer lo que acaba de pasar?
Esta ciudad se va a la mierda…
-Quizás sea un
cliente descontento, Lou.
-Disculpad, no sé
que cojones… me enteraré, me enteraré de quién es el tipo… y
él se enterará de quién soy yo, no os quepa duda.
Empieza a sonar
Satisfaction Guaranteed de The morning reign. Y con esas palabras se
dirige al salón para ver qué ha sucedido mientras el resto sigue:
-Hijo de puta,
¿Cuánto se puede haber llevado?- plantea Tim. Winston
lo tiene más claro:
-Más de lo que
podrá gastar, seguro.
8. Locuras
Suena Slinky de LinkWray. La cámara se pasea por los restos de un avión en llamas con
el fuselaje casi partido en dos y con el morro empotrado en una
formación rocosa. El piloto, muerto. El copiloto, muerto. La
azafata, ¿dónde está la azafata? Bill recorre los restos del avión
que, estrellándose, acaba de salvarle la vida. Ni rastro de
pasajeros, apenas del mobiliario. Levanta la cabeza y mira a su
alrededor, localiza uno de los asientos.
Poco más allá, un
hombre trajeado, tirado bocabajo, que parece inconsciente, con una
maleta aferrada a la mano. Suena State of mind de Move. Bill observa
la escena, sus ojos se clavan en la maleta. Exactamente igual a la
que tuvo hace unos días en las manos y que le costó un tiro,
algunas puñaladas y diversas magulladuras. Que a su vez hizo que Lou
y su matón lo metieran en un maletero.
La mira unos
momentos. La separa un poco, los dedos que sostienen el mango ceden y
una bufanda fina y oscura se desliza por el brazo inerte, la aparta
un poco e introduce la combinación que conoce.
Pone los pulgares
sobre los cierres, los presiona un poco para elevarlos...y los
resortes ceden con un ¡clac!
Empieza a sonar I never loved her de The starfires.
Ha de ser la misma
puta maleta. Empieza a levantar la tapa pensando como podría ser
siquiera posible, recuerda las palabras de Wendy sobre la última
visita que recibió Big joe, vuelve a mirar el traje del cuerpo
tumbado sobre el suelo a su lado.
Una luz empieza a
asomar por la rendija de la maleta al abrirse hasta que finalmente
ilumina la cara de Bill con expresión contrariada. La cierra y rueda
hacia un lado, sentado sobre el suelo, con los codos sobre las
rodillas y baja la cabeza: ¿cómo cojones puede ser?
***
Suena Rebel rouser interpretada por Duane Eddy. El desierto de Mojave en un plano
general. A lo lejos en el horizonte se ve como el calor acumulado en
el suelo juega a retorcer la luz. Entre el flujo de ondulaciones va
apareciendo un rostro desencajado, corriendo bajo el sol. El elegante
traje se ha convertido en un camisa medio desgarrada y pantalones
rotos por varios sitios.
A medida que se va
dibujando la figura de un hombre mayor sobre el horizonte también lo hacen las de sus
perseguidores. Un par de caballos y todoterrenos. Disparan por
diversión.
***
-¿Raoul? ¡Joder!
¿Dónde te metes?
-Eh, eh, ¿qué
entiendes tú por retirarse? ¡No debería estar cogiendo ni el puto
teléfono!
-Qué te dijo
Antwan.
-¿Que qué me
dijo…? Oye, para, ¿de qué va esto? ¿A qué viene eso ahora?
Raoul está en el
bar de una piscina en un resort en Florida, con una camisa hawaiana
hortera dentro de la liga de camisas hawaianas horteras, gafas de sol y
sombrero de paja, sosteniendo un cóctel con una sombrillita.
-¡Es importante,
joder! Qué te dijo exactamente.
-Mira Bill, hay
mierdas de las que es mejor alejarse. Cuanto antes.
Da un sorbo largo,
la risa de Bill al otro lado suena indescifrable.
-Alejarse, claro.
¡Siempre que eso sea posible!
Empieza a sonar de
fondo I try! de The young tyrants.
-¿Qué quieres
decir? Aún no sé a que viene todo esto.
-Mira, no tengo
tiempo de explicártelo todo. La cuestión es que vuelvo a tener esa
puta maleta delante de mí.
-¿Qué?
-Mira, aquí está
pasando algo raro de cojones. Por eso necesito que me digas…
-Sí, sí, Antwan
-Eso es.
-Dijo que… oye,
tampoco pondría la mano en el fuego por Antwan, ¿sabes?
-¿Qué cojones
dijo?
-Diablos, vudús y
mierdas raras. ¿Quieres mi consejo? Coge el dinero y corre.
Empieza a sonar
Vodoo child de The Jimi hndrix experience.
-¿Qué puto dinero?
-Joder Bill, es una
forma de hablar, yo de ti me alejaría de esa mierda. Hay gente muy
colgada.
-¿No has oído lo
que te estoy diciendo? Ella ha venido a mí.
-¿Qué? Oye, ¿estás
oyendo cómo suena eso? Empiezas a hablar como Antwan. ¿Sabes qué?
Casi mejor te doy su número. Pero a mí no me mezcléis en esas
mierdas.
***
Algunos golpes de
tos hacen moverse el cuerpo en el suelo junto a Bill que se ve
obligado a improvisar:
-Amigo, ¡amigo! ¿Se
encuentra bien? Es un milagro que haya sobrevivido.
-¿D...dónde...?
-El avión, se ha
estrellado. Ha tenido un accidente de avión. Yo me salí de la
carretera al verlo con mi camioneta… y bueno, a pesar de todo he
podido acercarme hasta aquí, dentro de poco llegará algo de ayuda.
-¿...dónde…
dónde está la maleta?
-Ah, su maleta. Ahí,
ahí la tiene. Parece que ahí está.
Mira con cierta
desconfianza a su supuesto salvador aunque las diversas heridas que
presenta parecen encajar con sus palabras.
-¿Y el resto?
-Muertos, los
pilotos están ,muertos. No había nadie más.
Jeremy se incorpora
empezando a tomar conciencia de la situación:
-¿Dónde estamos?
-En el desierto de
Mojave. Entre Los Angeles y Las Vegas, como a unos 100 km de la
civilización en cualquier dirección. Hacia allí 200. Puede que la
ayuda tarde un poco en llegar.
-Necesito llegar a
St Louis.
-¿St Louis,
Missouri? Amigo, estamos en la frontera con Nevada, eso está a más
de 2000 km.
-¿Seguro que no
había nadie más?
Otea los
alrededores:
-Viajaba con un
hombre, también había una azafata.
-No sé, quizás
salieran despedidos en algún momento de la colisión. Es difícil
pensar que puedan haber sobrevivido a un impacto así, es usted
afortunado.
-Ya bueno, yo no
tengo esa impresión.
El acento de Jeremy
era claramente británico.
-Oiga, la camioneta
que mencionó…
Bill sacude la
cabeza en forma de negativa.
-Me temo que está
algo más que averiada, por eso me he acercado a esperar que llegue
algo de ayuda, es lo mejor que podemos hacer.
-Ya, y usted vino
¿de? ¿qué dirección?
Bill señala con el
dedo con gesto serio recordando el maletero:
-Por allí. Su amigo
podría haber caído… por allí detrás.
Bill señala al
este, a noventa grados de donde ha señalado antes.
-Entonces St Louis
está por allí.
Jeremy señala en la
dirección opuesta y Bill le mira sorprendido:
-Eh... supongo que
sí, pero no creo que quiera ponerse a caminar por el desierto. Y más
en su estado, no sobreviviría, tras un accidente así. Aunque lo
cierto es que no conozco demasiado la zona, estaba sólo de paso. De
camino a Las Vegas, ya sabe.
Jeremy se quita un
poco el polvo mientras piensa que camino tomar.
-Ahora que lo pienso
puede que haya una reserva india en esa dirección. Tal vez no sea
tan mala idea ir a buscar ayuda.
Bill se levanta
cojeando un poco mientras Jeremy lo observa:
-Sí, no he tenido
suerte últimamente. Por allí debería haber una carretera, tal vez
podamos parar a alguien, ¿vamos?
9. La caza
"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Soñaba estar bajo el pie de un
dinosaurio que cada ves le aplastaba más sobre la tierra. Abrió los
ojos, a escasos centímetros del suelo, respirando el polvo del desierto
bajo sol. Aún estaba atado a su asiento con varios golpes, alguna
quemadura y una fractura abierta en el brazo izquierdo.
Lo que le aplastaba
era el peso del asiento, que dificultaba su respiración, y un tipo que
parecía enorme con la cabeza a ras de suelo le pateaba las costillas
y presionaba con la suela de sus botas. Cuando despertó, el
dinosaurio todavía seguía allí.
Suena Avenida de la luz de Loquillo y los trogloditas.
-Eh, amigo. ¡Amigo!
¡Despierte!… eso es… arriba… ¡Arriba!… a la camioneta.
-¿Qué?
-¡A la camioneta!
Se deshizo como pudo
del cierre del cinturón de seguridad, lo que vio al elevar la cabeza
fue la silueta de un tipo con un rifle apoyado en la cadera. Algo
más allá una camioneta con varias personas dentro, amordazadas,
ojos vendados, manos atadas a la espalda.
-¿Qué es esto?
-No me haga
repetírselo: suba a la camioneta.
Se levantó para
tratar de cumplir la orden pero cayó al suelo con un grito de dolor.
El tobillo había recibido también un buen golpe.
-Walter, échame una
mano con éste.
Otro hombre sale del
asiento del conductor, lo levantan por las axilas y lo dejan caer
contra el resto. Empujan las piernas y suben el cierre:
-¿Lo encintamos?
-No hace falta, éste
no creo que vaya muy lejos. Además ya estamos aquí al lado y vamos
tarde. Vámonos.
***
Un hombre vestido de
cura, camisa negra, pantalón negro y alzacuellos está tumbado en la
cama bien hecha de una parca habitación. Una silla, un escritorio,
un armario y un crucifijo. Sobre la mesa hay una jarra con agua. Está
ojeando una pequeña biblia mientras fuma un cigarro, utilizando el
vaso de cenicero, cuando llaman a la puerta:
-¿Padre Nathan? Una
llamada urgente.
Frunce un poco el
ceño, deja caer el libro sobre el pecho, da una calada más al
cigarro y lo deja caer en el vaso. Caminan algunos pasillos y
atraviesan el claustro iluminado por las estrellas hasta unas
dependencias con aspecto de oficina. Le muestran una mesa con un
teléfono descolgado. Se sienta en la mesa con un pie en el suelo y
recoge el auricular:
-¿Sí?
-El emisario no va a
llegar. Se perdió contacto con su vuelo sobre el desierto de Mojave…
hace casi media hora.
-Entiendo.
-Le pido que maneje
este asunto con la mayor discreción, dada su prioridad.
-Por supuesto, le
mantendré informado. Me pongo en camino.
Mira un momento su
reloj y busca con la mirada al hermano que le ha dado acceso a la
oficina, y que ahora le observa con una expresión anodina de
funcionario:
-Voy a necesitar un
coche. Uno rápido.
Al poco un mercedes
negro, discreto en el exterior, sale quemando ruedas para ponerse a
300 en pocos segundos. La expresión del funcionario eclesiástico
sigue igual de impertérrita mientras lo ve alejarse. Mientras
arranca suena Nice day to go to the pub de Cosmic Psychos.
***
Dos hombres caminan
por el desierto en la madrugada. Bill aún más renqueante que
Jeremy.
-Tiene gracia, a
juzgar por nuestro estado… parece que haya sido yo el que ha caído
de una avión y usted sólo… ¿no está cansado? ¿Quiere que le
lleve la maleta?
La mirada de Jeremy
es siempre severa:
-Estoy, bien
gracias.
-Disculpe que le
pregunte, pero me puede la curiosidad, veo que no se separa de esa
maleta ni para mear, ¿le puedo preguntar qué hay dentro?
-Nada de su
incumbencia.
-Oh, vale, vale, sé
captar una indirecta.
-¿Seguro que es por
aquí?
-Espero que sí.
Suben a una pequeña
loma y a lo lejos se ven luces en el valle de lo que debería ser la
reserva india.
-¿Ve? Se lo dije,
vamos por buen camino.
-Ni rastro de la
carretera.
-Me debo haber
desorientado, pero no tardaremos mucho más.
Bajan poco a poco
por la pendiente mientras se dibujan las primeras claridades en el
horizonte, suena Enough of what I need de The stoics.
***
La camioneta se
reúne con otro todoterreno con remolque, las puertas se cierran
con estruendo y los ocupantes bajan del vehículo:
-¡Phil! !No te vas
a creer lo que uno se encuentra en el desierto!
-¿Todo en orden?
-Sí, señor. Y con
sorpresa, hemos encontrado uno más.
-Y por el mismo
precio. Debe de ser del avión estrellado.
Phil revisa la parte
de atrás de la furgoneta, incrédulo, tras el cristal de espejo de
sus gafas de aviador. La única presa con los ojos descubierto viste
un chaleco oscuro con camisa blanca y se ha anudado la corbata dando
varias vueltas en el antebrazo izquierdo, tras reducirse la fractura.
-No está encintado.
-No queríamos
haceros esperar más…
-¿Habéis visto
a otros, os ha visto alguien?
-Negativo.
-Bien. Avisa por
radio, que los controles estén atentos.
Perry baja de la
camioneta de Phil y se une a ellos:
-¿Va todo bien?
-Oh, por supuesto.
Incluso mejor aún. En vez de cuatro serán cinco.
-Ah, fantástico.
Fantástico. ¿Cuándo empezamos?
-Tenemos aquí a las
presas, solemos darles un par de horas de ventaja.
-Estupendo. Se ha
hecho algo tarde, ¿qué tal una hora?
-Una hora entonces,
¡Max, bájalos!
Son dos parejas
jóvenes de hombre y mujer, blancos y negros.
Están en fila como
en una formación militar, aún con los ojos y las bocas tapadas,
manos y tobillos atados.
Phil habla mientras
camina frente a ellos acompañado de Perry que los supervisa, se oyen
algunos gemidos:
-Señores… y
señoras, que sepan que hoy van a ser cazados. Se les dará... una
hora de ventaja y un cuchillo de supervivencia a cada uno. Bien, si
no hay más preguntas...
Max y Walter hacen
de azafatas de este absurdo concurso y van poniendo los cuchillos en
las manos a la espalda de los obligados participantes.
-Y ése debe ser el
nuevo, ¿no? Lástima que sea tan viejo, no llegará muy lejos.
Perry lo examina con
curiosidad.
Max pone su manos
sobre el hombro del británico:
-Para ti no tengo
cuchillo, eso te pasa por llegar el último.
Perry lo escucha y
propone una variante:
-¿Qué tal si lo
hacemos un poco más interesante?
Mete la mano dentro
de la americana y saca un revolver con la culata en dirección al
hombre con los ojos descubiertos mientras fija su mirada en Phil,
interrogándole a modo de desafío:
-Uhhh… ya veo que
quiere divertirse.
Phil coge el
revolver y lo examina.
-Está bien, pero no
tan interesante.
Vacía todas las
balas del tambor, se queda con una que eleva mostrándosela a Perry y
la vuelve a introducir. Hace girar el tambor y se lo entrega al
hombre del chaleco que lo recibe con la misma mano en la que lleva la
chaqueta, algo más confuso aún.
-¿Empezamos,
entonces?
-Será divertido,
vamos allá.
Perry saca un 45 de
debajo del otro brazo, en el lado que lleva colgado el rifle.
-Walter, Max, las
cintas.
Las azafatas hacen
los honores, depilan unas cuantas cejas y cortan las ligaduras de los
tobillos:
-Venga, a correr.
Empieza a sonar
Psycho a Go-Go de The sonics.
-¡Bienvenidos al
infierno!
-¡Corred! Corred,
por vuestras putas vidas…
-¡Perderos, hijos
de puta!
Suena algunos
disparos al aire.
-¡Hacia allí,
hacia allí, imbécil!
Los dirigen en el
sentido deseado con algunos disparos de rifle al suelo y no tardan en
dispersarse y perderse en la distancia.
-Una hora. ¿Un
café, una copa?
-Por qué no. Café,
gracias.
Perry parece animado
y satisfecho con el servicio.
10. Dios los cría y el diablo los junta
Un hombre se detiene
a repostar en una gasolinera muy tarde en la noche. Se dirige a la
ventanilla a pagar.
-Bonito coche,
amigo.
Gira el cuello desde
la camisa negra, ya sin el alzacuellos, y mira al vehículo
estacionado junto al surtidor que le ha llevado hasta allí.
-Es mejor bajo el
capó.
Deja algunas
chocolatinas y refrescos sobre el asiento del copiloto y después de
una breve llamada retoma la marcha al son de Loving you sometimes de The outcasts mientras mastica un par de pastillas que empuja con
algunos sorbos de refresco.
***
-¿Antwan? ¿Antwan
Rockamora? No nos conocemos, soy un amigo de Big Joe… acompañé a
Raoul el otro día cuando fue a verte...con la maleta. Sí, esa
maleta.
Antwan, al otro lado
de la línea, suena bastante desconfiado.
-Lo siento Bill, no
creo que pueda decirte mucho más de lo que ya le dije a tu amigo.
-Antwan, le
entregamos la maleta a Big Joe. Ahora está muerto. Y me he vuelto a
cruzar con esa maleta en mitad del desierto. ¿Qué mierda está
pasando aquí?
-¿Lees la biblia,
Bill?
-¿La biblia?
-No es lo que te
quiera contar, Bill, es lo que puedas comprender. No sé por qué te
has vuelto a cruzar con esa maleta, las coincidencias existen...
¡dios existe…¡ Y los demonios también. Yo en tu lugar me
mantendría alejado, es peligrosa.
-Eso intento, joder.
Pero necesito saber qué es lo que hay dentro.
-¿Lo has visto?
-Joder, claro que lo
he visto.
-Bueno, espero que
te traiga más suerte que a mí. Yo de ti haría como si no y me
olvidaría de todo el asunto, no tienes nada a ganar en esto.
-¡Joder, Antwan!
-Rezaré por ti,
Bill.
Antwan cuelga el
teléfono dejando a Bill con más preguntas que respuestas.
-¡Joder!
Bill golpea la
cabina con el auricular pese a tratar de contenerse.
-¿Problemas con el
seguro?
Jeremy aparece con
algunos vendajes y su inseparable maleta, les han atendido de forma
improvisada en la clínica de la reserva.
-Bueno, supongo que
ahora entiendo por qué era tan barato. Y usted, ¿ya ha encontrado
como llegar a St Louis?
-Precisamente quería
hacer unas llamadas.
-Por supuesto, todo
suyo.
***
-¡Qué sea la puta
última vez! ¿cómo se os ocurre?
Max aguanta el
chaparrón:
-No sé, Phil,
parecía buena idea.
-Buena idea hubiera
sido meterle una bala entre las cejas. ¿Por qué crees que los
sedamos?
-Es un viejo con un
brazo hecho mierda, no llegaría ni a la vuelta de la esquina.
-Ni una puta
sorpresa más, ¿entendido?
-Sí, señor.
-Y lo que nos
faltaba es que el gilipollas ese le diera un arma. Id con mucho
cuidado.
-Vamos, Phil, lo más
seguro es que la use para pegarse un tiro. Yo es lo que haría.
Max responde a la
afirmación de Walter simulando el gesto con el dedo entre risas
cuando Phil ya les ha dado la espalda.
-Ya veremos. En
media hora nos ponemos en marcha, preparad los caballos.
El horizonte se
refleja en sus gafas de sol mientras suena Cry a little longer de The grodes.
11. Jugando con fuego
Bill escucha apoyado
en una esquina, con naturalidad pero oculto, mientras Jeremy pregunta
en el mostrador de la clínica por la iglesia de la reserva tras
terminar con la cabina.
Después sale por la
puerta y Bill deja pasar algunos instantes para seguir sus pasos.
Nada más salir por la puerta Jeremy le rodea el cuello con el brazo
y presiona con el otro en ángulo recto:
-¡Se acabo la
farsa! ¿Quién cojones eres?
-B...Bill… Bill
Evans.
-¿Dónde tienes la
cartera?
-En el bolsillo de
atrás...del pantalón.
Jeremy libera por un
momento el brazo vertical, busca con una mano el permiso de conducir.
-¡No te muevas o
será peor!
El nombre es el que
figura en el documento:
-Bien, no sé quién
cojones eres, Bill Evans, pero no vuelvas a acercarte a mí. Espero
que haya quedado claro.
-Joder, amigo… no
sé qué mierda tienes en la cabeza pero no es lo que te imaginas…
Jeremy arroja a Bill
al suelo, recoge la maleta y desaparece con grandes zancadas en
dirección a la iglesia mientras Bill se friega el
cuello para hacer volver algo de oxigenación.
Será muy difícil
evitar que Jeremy lo oiga entrar en la iglesia… la solución obvia
es… entrar primero. Dando un rodeo sin que le vea. Empieza a correr
como alma que lleva el diablo mientras suena You lie de The lynx.
***
-¡Buen disparo!
-Uuuuh, sí.
Max y Walter hacen
también de animadoras mientras Phil supervisa la operación y Perry
obtiene aquello por lo que ha pagado.
-Eh, no ha estado
mal- se reconoce Perry a sí mismo. -Bueno, todavía queda el anciano,
¿no?
Mira la hora: -Creo
que me dará tiempo.
-Ha ido por allí- señala Walter
-Vamos a por él.
Por algo a Phil no
le gustan las sorpresas.
Al poco le están
dando caza al son de Rebel rouser interpretada por Duane Eddy.
No hay mucho sitio
donde esconderse pero logra encontrar cobertura tras unas rocas que
obligan a la batida a hacer un giro cerrado y pararse a escrudiñar
cada piedra:
-¡Vamos, sabemos
que está ahí! ¿De qué tienes miedo?
Están detenidos
esperando ver por donde asoma la cabeza.
-Recordad que tiene
una bala.
-Sí, tal vez pueda
tener la cortesía de ahorrarnos el trabajo.
Walter y Max vuelven
a reír hasta que una bala atraviesa el cráneo de Max a través de la
cuenca ocular.
-¡Coño! ¡O ha sido
un golpe de suerte o el tipo es bueno!
Phil está
sorprendido a la vez que impresionado, ni nervioso ni afligido.
-¡Pues menos mal
que no le hemos dejado las seis balas!
Perry está
emocionado con el nuevo reto.
-Walter por favor,
podrías…
El cuerpo de Max aún
presenta algunos espasmos en una pierna fruto del daño cerebral
sufrido.
-¿Eh?
-Súbelo a la
furgoneta. Gracias.
Perry sigue con su
macabro juego:
-Se esconde bien el
condenado.
-Ya sólo es
cuestión de paciencia- sentencia Phil mientras escruta las rocas en
busca de algo que se mueva.
Están tan obcecados
buscando a su presa que cuando notan el olor a gasolina del charco que
empieza a acumularse bajo sus pies apenas tienen tiempo de girarse.
En la parte de atrás
de la camioneta, al lado de los cadáveres de Max y Walter, junto a
unos bidones de gasolina vacíos bajo una manta, una chica vestida de
azafata, con las medias y el uniforme destrozados y cubierta de
sangre enciende una cerilla. No querría que se apagara al entrar en
contacto con el líquido en el suelo por el golpe, la sopla para que prenda la madera con la
dulzura del primer beso. Y la deja caer. Suena A little bit of soul de The music explosion.
Los dos hombres
envueltos en las llamas intentan huir del foco de calor que les está
consumiendo olvidándose hasta de las armas, entre gritos agónicos,
intentan rodar por el suelo. Un hombre curtido sale de entre las
rocas con una camisa blanca desgarrada y empuñando el revólver por
el cañón y el tambor deshace la culata en la cabeza de Phil sin el más mínimo
rastro de humanidad.
Perry ha llevado la
peor parte, ha apagado las llamas rodando pero se encuentra boca arriba
con los brazos y dedos en una posición extraña como resultado del efecto del fuego sobre los tendones. La chica baja de la
camioneta y camina despacio hacia él con una hacha que parece aún
más grande en sus manos.
Descalza, llena de
magulladuras, con las medias rasgadas y restos del maquillaje
repartido como un revoltijo por toda la cara, se sitúa a su lado,
apenas puede moverse y sólo tiembla un poco. Al verla hace un amago
de risa: -C...coño...¿una azafata?
Levanta el hacha con
las dos manos y la deja caer con un golpe seco contra su frente:
-No olvide
despejar... la salida de emergencia.
El caballero
británico se acerca a ella poco a poco, la rodea con el brazo y
empieza a liberar toda la tensión acumulada: -Vaya vuelo de mierda,
eh.
Busca su mirada
inclinando un poco hacia abajo la cabeza:
-Creo que en el
futuro… elegiré pasillo.
Suena In the morning de Bobby and the farraris.
***
Bill está
agazapado, sudando por cada poro de su piel, en el rincón más
oscuro de la iglesia que ha podido hallar. La distancia ha sido la
suficiente como para poder sacar bastante ventaja a Jeremy.
No tarda mucho en
hacer sonar los goznes de la puerta, toma asiento en un banco, deja
la maleta a un lado y parece rezar o tal vez sólo descansar. Es el
único momento en que Bill lo ha visto relajado. Es el momento.
Bill busca en el
bolsillo de su cazadora y saca una pistola de plástico de color
naranja cargada con una gruesa bengala. Suena My house de TheBaytovens.
Camina muy despacio,
sacrificando toda la velocidad para no hacer ningún ruido. Si Jeremy
abriera los ojos en ese preciso momento… Acelera en el último
tramo y coge la maleta retrocediendo unos pasos y apuntando a Jeremy
cuando éste ya está de pie apuntándole a él.
-Es una muy mala
idea.
El tono de Bill
cuando contesta ya no es el de la farsa anterior:
-No lo quiero. Pero
necesito saber qué es.
-Joder ¿qué es
eso? ¡Si ni siquiera es un arma!
-¿No? ¿Quieres ver
que tal sienta una bengala clavada en el puto pecho?
-¡No son asuntos de
tu incumbencia! ¡Suéltala y vete!
Bill sonríe ante lo
surrealista de la situación:
-No lo entiendes, es
que necesito una expl…
-Les ruego que
guarden esas armas. Estamos en la casa del señor.
-¡¿Quién coño es
este tío?!
Bill se refiere al
hombre vestido de negro que acaba de aparecer bajo el altar sin que
ninguno de los dos lo vieran.
-Soy el padre
Nathan. Y tengo lo que ambos buscan. Bajen las armas, por favor.
Ambos parecen dudar,
Bill hace un pequeño amago pero finalmente deja el brazo del arma
paralelo al cuerpo, exhausto. Jeremy la baja de forma continua pero
algo más despacio.
El hombre de negro
continúa:
-Eso que usted
tiene… no le pertenece. Ni siquiera lo comprende.
Bill lanza la
maleta al suelo, exhausto:
-¿Qué es eso?
El padre Nathan
sonríe bajando la cabeza:
-¿Lee usted…?
-¿La biblia? No. Es
la segunda vez que me lo preguntan hoy.
Nathan sigue
sonriendo, aún, de manera bastante extraña. Como contemplando una
pequeña broma del destino.
-Le iba a sugerir un
clásico reciente de la literatura inglesa, RL Stevenson. Tiene un relato llamado “El diablo en la botella”, léalo.
El padre Nathan se
agacha para recoger el maletín con cara de estar recogiendo una
cagada de perro. Ya en pie con la maleta en la mano se dirige a la
salida junto a Jeremy, se detiene y se gira un momento:
-No se crea todo lo
que lea, pero puede empezar por ahí.
Ah y una cosa más.
No está de más…
saber lo que dice la biblia.
Aunque sólo sean…
ya sabe, tonterías.
Hace un gesto
extraño con la mano a la altura de la cabeza y desaparece por la
puerta.
-Buenos días, señor
Evans.
Y tras Jeremy se
cierra la puerta antes de que Bill pueda cerrar la boca.
Suena I heard it through the grapevine de Creedence clearwater revival.
***
Se ve a Nathan
desechando la maleta frente al maletero y abriendo un cofre viejo,
muy trabajado con una llave grande. No se ve lo que introduce pero
tira un trozo de tela oscura encima y lo cierra.
El siguiente plano
es del interior de la basílica de St Louis, centrado en el rosetón
mientras lo atraviesa la luz. Alguien camina con el cofre y alguien
lo recoge. Un bondadoso sacerdote con cara de no haber roto nunca un
plato ni enterarse de nada, un poco gangoso, pide por teléfono un
"correo especial a la santa sede”, para St Louis.
La fachada de la
basílica de St Louis mientras suena la versión de Lucas King de The house of the rising sun. La cámara se aleja como desde un vuelo de
paloma o sobrenatural.
***
Gran Maestre, el
correo especial de St Louis.
-Oh, vaya. Nunca
entenderé como pueden extraviarse estas cosas.
Su actitud, harto
descreída, denota más desdén que otra cosa.
El anciano abre la
caja y extrae una botella panzuda con el cuello muy largo, con un
contenido blanquecino por el que flota un extraña luz que pareciera
ser de fuego y sombra.
Se dirige a una
pared con diversas casillas metálicas hechas a medida, con el
aspecto de tener varios siglos, si no milenios, y con una cierta
estructura jerárquica.
Una grande arriba,
otras tres más pequeñas abajo y muchas otras de diversos tamaños y
formas en diferentes constelaciones, unas celdas llenas y otras
vacías. Coloca ésta en el hueco a la izquierda de las tres mayores:
-Astaroth. Después
de 700 años… Cuánto tiempo.
La cámara toma el
lugar de la botella y se cierra la puerta dejándola a oscuras. Se
oye el ruido de tres vueltas de candado.
Créditos mientra
suena My girl Josephine de Sandy Nelson.
13. Epílogo
-Usted es Raoul,
¿no?
-Sí, soy yo.
Se levanta el gorro
de paja para ver al empleado desde la tumbona.
-Tiene una llamada a
cobro revertido del señor Bill Evans, ¿desea aceptarla?
-Sí, claro.
Empieza a sonar Let there be drums de Sandy Nelson.
-¿Quién es Bill
Evans?
Sarah se da la
vuelta y se despereza un poco.
-Por aquí, por
favor.
El empleado le
muestra el camino al teléfono.
-Ehh… un amigo.
Responde Raoul
mientras se aleja.
-¿Y cómo tiene
este número?
***
-Más grande. Más
grande. Más.
-Tres líneas.
-¡No! Quita lo de
“en Mojave” y deja sólo lo de “cacería humana”.
-Ok... ¿así?
-Perfecto.
El empleado le
mira con expresión de hastío.
-¿Qué?
-De verdad disfrutas
con esto, ¿no?
-Sólo en la medida
que confirma mis tesis. El mundo se va a la
mierda Frank, se va a la mierda (mirando a cámara). Envíalo.
Bonus track: Teen beat de Sandy Nelson.
***FIN***