lunes, 3 de febrero de 2025

Deconstruyendo Pulp Fiction

 

Marsellus es un hombre de negocios, de todo tipo, sobre todo ilegales que son los que dan más dinero. Todo el mundo que debe conocerlo en LA lo conoce.

El hecho de haber amasado una enorme fortuna no ha cambiado su forma de trabajar, sólo ha elevado de forma significativa la calidad de sus gustos. Y el interés por negocios especiales.

Y actualmente su interés está centrado en un objeto único, se diría que mitológico, que puede proveer de inmensa fortuna a su poseedor.

Es Antwan quien le habla de él, a la postre es una leyenda hawaiana, pero Antwan asegura que es real. Y no sólo eso, si no que tiene una pista sobre su paradero en Europa.

Marsellus envía a Vicent Vega a localizar dicho objeto y tras más de tres años logra hacerse con él en París a pesar de las renuencias de su poseedor, que no deseaba venderlo.

Hay unas reglas y la película explica lo que sucede cuando se quebrantan: la realidad se puede convertir de un momento a otro en una película de terror de serie Z, en un tebeo barato, una “pulp fiction”. Y es que, si juegas con algunos diablos, es posible que todo empiece a ir realmente mal. El problema es que nadie sabe cuáles son exactamente esas reglas y el hecho es que el objeto parece procurar fortuna e infortunio de forma desproporcionada a aquellos que lo rodean.

Pasó por muchas manos, algunas anónimas, otras muy relevantes. R L Stevenson, que lo poseyó durante algún tiempo, escribió sobre él. Antes de eso era una leyenda hawaiana de la que Antwan tuvo conocimiento de primera mano en su viaje hacia el continente, también del rastro europeo que seguiría Vincent.

El viaje a los EEUU no estuvo exento de incidentes, incluyendo un episodio surrealista en una conocida cadena de hamburgueserías en la que Antwan tuvo que desprenderse del objeto.

Antwan fue a recoger a Vincent al aeropuerto haciéndose cargo de la custodia de la maleta que lo portaba y de vuelta a entregárselo a Marcellus se detuvo en su hamburguesería favorita, Antwan tiene un problema con su peso, en palabras de Jules.

Pero no es su único problema: deudas de juego y otros asuntos pendientes que aparecen en el momento más inoportuno cruzando la puerta de una hamburguesería.

El trato entre Antwan y Brett, con el primero oculto bajo la mesa del establecimiento que ocupaba el segundo junto algunos amigos, era que debían entregar la maleta a las 7:30 del día siguiente en el club de Marcellus, a tenor del fajo de billetes que cogió sin demasiadas dudas:

-¿Sólo tengo que hacer eso? ¿sólo eso?

Antwan no quería arriesgarse a que sus cuentas pendientes se vieran saldadas in situ con el contenido de una maleta que custodiaba pero no le pertenecía. Las explicaciones que ofreció a Marsellus tras conseguir escabullirse de la pandilla que entró por la puerta de la hamburguesería Big Kahuna le convencieron tanto como para hacerlo arroja por el balcón.

Cuando llegó a su casa dos hombres le estaban esperando, uno de ellos le ofreció un teléfono móvil con Marsellus al otro lado: -¿Que se lo has dado al primero que pasaba? ? ¿En una hamburguesería? ... ¿Y crees que la van a traer? No sabes como me tranquiliza que sepas donde encontrarlo. Devuelve el teléfono, ya he oído bastante.

Y al tipo en el traje negro con un 45 en una mano y el teléfono en la otra, junto al oído:

-Hazme un favor, tira a ese gordo por la ventana, si el mundo está lleno de ángeles tal vez le salgan alas. -Entendido.

Justo después de colgar llama a Winston Wolf, no es barato, pero ni siquiera está en el país hasta el día siguiente: -...no deberías confiar esos trabajos a aficionados. -Se trataba de recoger una puta maleta, nada más.

Llama a Jules, su hombre en la zona, tiene una dirección y un encargo para él. Si a las 7:30 no ha recibido una llamada suya, deberá recuperar un maletín con un objeto muy especial en la dirección que le facilita. Deberá reunirse con Vincent lo antes posible, él podrá confirmar que es lo que buscan.

Es posible que Jules esté algo más chiflado que otros de la hermandad pero suele cumplir bien con los encargos. Cuelga el teléfono y mira un reloj de la pared contando las horas que quedan hasta las 7:30. Maldito Antwan. Le gustaría haber estado allí para verlo volar los cuatro pisos desde su apartamento. Se recuesta contra la pared, abatido por el contratiempo sin saber si podrá resolverse después de tanto trabajo invertido y teniéndolo ya tan cerca. Estira con tanta fuerza la toalla que le cuelga del cuello sobre el albornoz que se hace una molesta quemadura en la nuca, será una larga espera y tiene otros negocios que atender.

***

Recuperan la maleta y con ella la mala suerte del poseedor del objeto, la misma que hace que los disparos del colega de Brett atraviesen su blanco sin rozarlo.

La misma que hace que se dispare el arma de Vincent en el automóvil.

La misma que hace que se produzca un atraco en el lugar en el que Jules y Vincent se detienen a desayunar.

La misma que hace que el encuentro entre Vincent y Butch en el club se salde con la llave del segundo arañando la carrocería del Malibú rojo del primero, convenciendo definitivamente a Butch de que tiene otra opción distinta a lo acordado con Marsellus.

La misma que lleva a Butch de vuelta a su apartamento en el momento más inoportuno para Vincent.

Y la misma mala suerte que hace que Marsellus, ya con el objeto bajo su custodia, no sólo sea atropellado por Butch si no que termine en el sótano de una tienda con aficiones algo peculiares y que él sea elegido en primer lugar y no Butch.

*****